Tango y Piazzolla · 7 min de lectura
¿Quién fue Astor Piazzolla?
Astor Piazzolla, 1921-1992: el bandoneonista que abrió el tango en canal, la clase con Nadia Boulanger que lo reorientó y por qué Buenos Aires lo detestó primero.
Nueva York, una casa de empeños y Carlos Gardel
Astor Pantaleón Piazzolla nació el 11 de marzo de 1921 en Mar del Plata, en la costa argentina. Cuando tenía cuatro años la familia se mudó a Nueva York y se instaló en Little Italy, lo que significa que el compositor de tango más importante del siglo creció oyendo a Cab Calloway y a Bach en la radio y no los salones de baile de Buenos Aires. En 1929 su padre Vicente, al que llamaban Nonino, le compró un bandoneón de segunda mano en una casa de empeños por unos pocos dólares. El niño quería jugar al béisbol.
En 1934 la familia conoció a Carlos Gardel, que rodaba entonces en Nueva York y era ya la voz más célebre del mundo hispanohablante. Piazzolla, con trece años, le hacía recados, tocaba para él y apareció brevemente como canillita en la película El día que me quieras. Gardel lo invitó a la gira siguiente. Su padre dijo que no, que era demasiado pequeño. En junio de 1935 el avión de Gardel se estrelló en Medellín y murieron todos los que iban a bordo. Piazzolla pasó el resto de su vida consciente de lo cerca que había estado.
La orquesta de Troilo y una doble vida
La familia volvió a Argentina en 1936. En 1939 Piazzolla, todavía adolescente, tocaba el bandoneón en la orquesta de Aníbal Troilo, el director de tango más admirado de la época, y pronto empezó a hacerle arreglos. Era el mejor puesto del tango y se le daba muy bien. También estaba, sin decirlo, tomando clases de composición con Alberto Ginastera desde 1941, estudiando orquestación, leyendo partituras y escribiendo música de concierto que no enseñaba a sus compañeros.
Cuentan que Troilo tenía que frenarle los arreglos, porque se le iban de listos para una pista de baile. Piazzolla dejó la orquesta en 1944. Durante la década siguiente llevó dos carreras que se avergonzaban la una de la otra: tanguero de noche, aspirante a compositor clásico de día, cada vez más convencido de que la mitad clásica era la de verdad. En 1953 su sinfonía Buenos Aires ganó un premio que venía con una beca del gobierno francés. Se fue a París a convertirse en compositor serio y a dejar de malgastar la vida en el tango.
La clase con Boulanger
En París, en 1954, estudió con Nadia Boulanger, la maestra que había formado a Copland, a Carter, a Glass y a una larga lista más. Le llevó sus obras de concierto. Ella las leyó, elogió la técnica y no paró de señalar a los compositores que oía detrás de cada página: Stravinsky aquí, Bartók allá, Ravel en un rincón. A él no lo encontraba por ninguna parte.
Le preguntó de qué vivía en realidad. Él admitió, a regañadientes, que tocaba tango en un grupo de club nocturno, con el bandoneón, un instrumento del que ella apenas había oído hablar. Le hizo tocar algo. Tocó Triunfal. Según él mismo contaba, ella le tomó las manos y le dijo, sin rodeos, que eso era Piazzolla y que no lo soltara nunca.
Esa es toda la historia, y se suele contar como un cuento de hadas. Resulta más útil como lección sobre la formación. Boulanger no le dijo que abandonara la técnica; le dijo que apuntara dieciocho años de técnica hacia la música que ya conocía por dentro. Todo lo que escribió después es contrapunto aplicado a un bandoneón.
Odiado en casa
De vuelta en Buenos Aires formó el Octeto Buenos Aires en 1955 y, en 1960, el Quinteto Nuevo Tango. La reacción no fue cálida. Los tradicionalistas decían que lo que escribía no era tango: no se podía bailar, la armonía estaba mal, la guitarra eléctrica era un insulto y las fugas eran pura exhibición. Piazzolla, que era combativo por temperamento y disfrutaba de una pelea más de lo que le convenía, dijo en público que las viejas orquestas eran piezas de museo. Hubo discusiones por escrito, gente que se levantaba y se iba y, según se cuenta, amenazas.
Siguió trabajando a pesar de todo. Adiós Nonino, escrita en 1959 tras la muerte de su padre, se convirtió en la única pieza que hasta sus enemigos le concedían. Un infarto en 1973 lo empujó a Italia, donde grabó el disco Libertango en Milán en 1974 y encontró un público europeo que no tenía nada en juego en aquella discusión. El segundo quinteto, de 1978 a 1988, dejó sus discos más afilados, entre ellos Tango: Zero Hour en 1986, que él consideraba el mejor.
Sufrió un ictus en París en agosto de 1990 y murió en Buenos Aires el 4 de julio de 1992. Para entonces el Kronos Quartet le había encargado Five Tango Sensations, y en menos de cinco años Yo-Yo Ma grabó un disco con su música. La ciudad que le había dicho que estaba arruinando el tango le puso la cara en todas partes.
Lo que dejó de verdad
Piazzolla escribió unas 3.000 piezas y grabó alrededor de 500, que es la producción de un músico que trabaja, no la de un místico. Lo que lo hizo perdurar es que resolvió un problema estructural: encontró la manera de que el tango se escuchara en lugar de bailarse sin volverse por ello educado. La melancolía sobrevivió al ascenso.
También significa que su música se mueve con soltura fuera de su plantilla original. En Singapur tocamos bastante de este repertorio con acordeón y contrabajo, combinación para la que Piazzolla nunca escribió y sobre la que seguramente habría tenido opiniones, y las piezas aguantan. El contrapunto es real, así que funciona con dos voces. El ritmo está escrito dentro de las notas, así que sobrevive a la pérdida de una sección rítmica. Eso es lo que hace la buena escritura.
Preguntas frecuentes
¿Por qué fue Piazzolla tan polémico en Argentina?
Porque cogió la música de baile nacional y la volvió imposible de bailar. Añadió disonancia, fuga, improvisación de jazz y guitarra eléctrica, y después dijo en público que las orquestas tradicionales habían dejado de evolucionar. Los bailarines y los músicos de la guardia vieja lo oyeron como un ataque a su sustento y a su identidad, y respondieron en el mismo tono durante unos treinta años.
¿Qué le dijo Nadia Boulanger a Piazzolla?
Después de revisar sus composiciones clásicas y encontrar en ellas las huellas de otros compositores, le pidió que tocara uno de sus tangos. Tocó Triunfal con el bandoneón, y ella le dijo que aquel era el Piazzolla de verdad y que no lo abandonara nunca. Él fechaba su estilo maduro en aquella clase de París de 1954.
¿Cuál es la pieza más famosa de Piazzolla?
Libertango, grabada en Milán en 1974, es la más conocida y versionada. Adiós Nonino, escrita en 1959 tras la muerte de su padre, es la que más le importaba a él. Oblivion, la Suite Punta del Este y Las cuatro estaciones porteñas son las otras piezas que más se oyen en concierto.
¿Aprendiendo o comprando en Singapur?
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