Teoría musical · 6 min de lectura

¿Qué es una cadencia?

Una cadencia es el giro de acordes que cierra una frase, y funciona como la puntuación. Estos son los cuatro tipos principales y cómo oír y tocar cada uno.

2026-06-23

Por qué la música necesita puntuación

El habla tiene puntos, comas y signos de interrogación, y sin ellos un párrafo se vuelve agotador. La música tiene el mismo problema y lo resuelve de la misma manera. Las frases necesitan finales, y los finales necesitan gradación: unos definitivos, otros provisionales, otros ambiguos.

De esa gradación se ocupan las cadencias, que son los dos últimos acordes de una frase. Los oyentes las reconocen sin ninguna formación. Toca el final de un himno en una sala llena de gente que no es música, párate un acorde antes y observa la incomodidad. El conocimiento ya está instalado; la teoría solo le pone nombre.

Esos nombres usan números romanos para los acordes construidos sobre cada grado de la escala. En do mayor, I es el acorde de do, IV es el de fa, V es el de sol y vi es la menor. Por convención, los números en minúscula señalan acordes menores. Dos de estos grados tienen nombre propio que conviene saber: el quinto grado es la dominante y el cuarto es la subdominante.

La cadencia perfecta, el punto final

V a I, dominante a tónica. En do mayor, sol a do. Es el final más fuerte de la música tonal y algo así como el noventa por ciento de todo lo que conoces termina con una.

Funciona porque el acorde de dominante contiene la sensible, el séptimo grado de la escala, que está un semitono por debajo de la tónica y suena sin resolver hasta que sube. En do mayor esa nota es si, y si se apoya en do con verdadera insistencia física. Añade una séptima a la dominante, con lo que tienes sol, si, re, fa, y aparece una segunda nota inestable: fa quiere caer a mi. Dos voces tirando en direcciones opuestas hacia el mismo acorde es la razón de que una séptima de dominante a tónica resulte tan concluyente.

La versión más definitiva de todas pone las fundamentales en el bajo, sol y después do, y la nota tónica en lo alto del último acorde. Debilita cualquiera de esas condiciones y la cadencia se suaviza sin dejar de funcionar, que es como los compositores mantienen una pieza en marcha a lo largo de veinte finales de frase antes del final de verdad.

Las otras tres

La cadencia imperfecta, también llamada semicadencia, termina en V en lugar de alejarse de ella. Cualquier acorde seguido de sol en do mayor. Suena como una coma o como una ceja levantada: la frase se ha detenido, no ha terminado, y algo tiene que venir después. Las parejas de frases de pregunta y respuesta en las melodías populares y en los temas clásicos usan casi siempre una cadencia imperfecta para la pregunta y una perfecta para la respuesta.

La cadencia plagal es IV a I, fa a do en do mayor. Es el Amén del final de los himnos, y de ahí le viene la etiqueta. Llega sin el tirón de semitono de la sensible, de modo que se posa en lugar de resolver. Más cálida, más relajada, menos argumentada.

La cadencia rota, a veces llamada deceptiva, prepara la V y después va a cualquier sitio menos a I, normalmente a vi. En do mayor, sol a la menor. Al oído le han prometido do y recibe la menor, que comparte dos notas con do pero es menor y no es casa. Los compositores la usan para prolongar una frase que parecía a punto de acabar y para retrasar otros dieciséis compases la cadencia final. Es el equivalente musical de carraspear cuando alguien ya alarga la mano hacia la puerta.

Oír las cadencias en la música real

Escuchar buscando cadencias es el camino más rápido para pasar de oír la música como un caudal de notas a oírla como una estructura. Pon cualquier minueto de Mozart y cuenta frases: encontrarás casi siempre unidades de cuatro compases, la primera terminada en semicadencia y la segunda en cadencia perfecta.

En el tango, la cadencia clásica sigue rigiendo los finales aunque el ritmo se haya alejado muchísimo de Viena. Escucha a Gardel y oirás cadencias perfectas que llegan con un retraso algo teatral, con la armonía retenida para que el cantante se tome su tiempo. En el blues, la forma de doce compases es en esencia una larga aproximación a una cadencia perfecta con aire de cadencia rota en el compás nueve.

Una costumbre útil al estudiar: toca una frase, párate en el penúltimo acorde y canta lo que debería venir después. Si aciertas, has interiorizado la cadencia. Si te sorprende lo que escribió el compositor, has encontrado algo que vale la pena estudiar.

Tocar una cadencia en vez de llegar a ella

Saber qué cadencia estás tocando debería cambiar lo que haces físicamente. Una cadencia perfecta que cierra un movimiento entero pide peso y tiempo; una cadencia imperfecta en mitad de una frase no pide casi nada, porque recalcar una coma hace que la frase suene rota.

Para el acordeonista esto es trabajo de fuelle. Una cadencia perfecta final pide un pequeño empuje de presión al entrar en la dominante, después una relajación controlada hacia la tónica, y el fuelle solo deja de moverse cuando el acorde ya ha hablado. Una semicadencia pide el tratamiento contrario: aligera y deja el fuelle en movimiento, para que el silencio posterior siga vivo. En la mano izquierda, el teclado Stradella coloca los botones de dominante y de subdominante justo a uno y otro lado de la tónica, así que V a I y IV a I son movimientos de un solo botón. Aprende a oír la diferencia entre esos dos vecinos y habrás aprendido la diferencia entre un punto final y un Amén.

En el contrabajo, las cadencias son el punto donde la línea de bajo lleva más información. Tocar la fundamental bajo los dos acordes hace la cadencia todo lo definitiva que puede ser; tocar la tercera de la dominante, el si bajo un acorde de sol en do mayor, y subir un semitono hasta do la hace más ligada y menos rotunda. Esa elección es del contrabajista, y es de esas cosas a las que dedicamos clases enteras en A&G Academy, porque ahí está la diferencia entre terminar una frase y simplemente pararse.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la cadencia más frecuente en la música?

La cadencia perfecta, de dominante a tónica, escrita V a I. En do mayor es un acorde de sol seguido de uno de do. Es el final más fuerte que existe porque la dominante contiene la sensible, un semitono por debajo de la tónica, que el oído percibe como no resuelta hasta que sube. Casi todas las piezas en una tonalidad cierran así.

¿Qué diferencia hay entre una cadencia perfecta y una plagal?

La cadencia perfecta va del quinto grado al primero, de sol a do en do mayor, y contiene el tirón de semitono de la sensible, lo que la hace tajante. La cadencia plagal va del cuarto grado al primero, de fa a do, sin sensible. Se posa con suavidad en vez de resolver con fuerza, y por eso los himnos la usan para el Amén.

¿Por qué algunas frases terminan sin sonar acabadas?

Porque terminan en semicadencia, es decir, se paran en el acorde de dominante en vez de ir a la tónica. La dominante es inestable por naturaleza, así que el oído trata la pausa como una coma y espera una continuación. Los compositores las emparejan con cadencias perfectas para crear frases de pregunta y respuesta, que son la unidad básica de la melodía tonal.


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