Teoría musical · 6 min de lectura
Educación auditiva: cómo empezar
La educación auditiva consiste en saber nombrar lo que oyes. Intervalos, tipo de acorde, ritmo y función, con una rutina de práctica de diez minutos al día.
Qué estás entrenando en realidad
La educación auditiva no va de tener buen oído en algún sentido innato. Va de construir vínculos fiables entre un sonido y un nombre. Casi cualquiera distingue ya un acorde alegre de uno triste; el trabajo está en hacer ese reconocimiento específico, rápido y correcto bajo presión.
Bajo una sola expresión se esconden cuatro destrezas distintas. El reconocimiento de intervalos es nombrar la distancia entre dos notas. El reconocimiento del tipo de acorde es nombrar un acorde como mayor, menor, disminuido, aumentado o alguno de los tipos de séptima. El dictado rítmico es escribir lo que has oído en su medida. La escucha funcional es reconocer qué hace un acorde dentro de una tonalidad, que es la más valiosa musicalmente de las cuatro y suele enseñarse la última.
Mejoran a ritmos distintos y necesitan ejercicios distintos, así que conviene saber cuál estás practicando cada día en vez de escuchar cosas de forma vaga.
Oído relativo, oído absoluto y cuál importa
El oído absoluto, llamado a menudo oído perfecto, es la capacidad de nombrar una nota sin ninguna referencia. Es raro, parece depender de la exposición temprana y no hace falta para ser músico. Muchísimos grandes intérpretes no lo tienen.
El oído relativo es la capacidad de identificar notas y acordes en relación con una referencia que te han dado o que te has fijado tú. Es la destreza que te permite transportar, improvisar, tocar de oído, oír tu propia afinación y seguir una partitura. Puede aprenderla cualquiera a cualquier edad, y es lo que construye de verdad todo curso serio de educación auditiva.
Una advertencia: quien tiene un oído relativo fuerte a veces lo ancla todo a una única nota recordada, lo que funciona muy bien hasta que la obra modula. El objetivo es la flexibilidad, no un punto de referencia fijo.
Intervalos: el método práctico
Las canciones de referencia son el recurso estándar del principiante y funcionan. Una tercera menor ascendente es el comienzo de Greensleeves; una tercera mayor ascendente abre Kumbaya; una cuarta justa ascendente es la marcha nupcial; una quinta justa es el tema de Star Wars; una sexta mayor ascendente es la señal de la NBC; una octava es Somewhere Over the Rainbow. Elige una canción por intervalo, quédatela para siempre y no la cambies.
Pero las referencias son una muleta que conviene planear tirar. La vía más rápida es oír el intervalo como un par de grados de la escala. Una sexta mayor no es un sonido aislado; es la distancia del primero al sexto. Una vez que oyes los grados directamente, los intervalos se nombran solos como subproducto, y has ganado la capacidad mucho más útil de oír dónde se sitúa una nota dentro de una tonalidad.
Practica los intervalos descendentes por separado. Son bastante más difíciles que los ascendentes y casi todo el mundo los descuida, lo que se nota enseguida en el dictado.
Primero cantar, después tocar
La indicación más eficaz de toda la educación auditiva es cantar. No bien, ni fuerte, solo con la afinación suficiente. Cantar te obliga a producir la altura por dentro antes de oírla por fuera, que es justo el mecanismo que intentas construir. Escuchar de forma pasiva entrena el reconocimiento despacio; cantar lo entrena deprisa.
Una rutina básica lleva unos diez minutos. Toca una nota tónica. Canta la escala subiendo y bajando. Canta el primero, el tercero, el quinto y vuelta. Después haz que algo toque una nota cualquiera de la tonalidad y canta desde la tónica hasta llegar a ella, nombrando el grado. Luego al revés: canta un grado que hayas elegido y compruébalo en el instrumento.
Añade el trabajo rítmico aparte. Palmea un ritmo escrito contra un metrónomo, y después escucha un ritmo y escríbelo. La mayoría de los alumnos descubren que el dictado rítmico es su punto más flojo y el que más rápido mejora, porque el vocabulario de patrones habituales es pequeño.
Usar tu instrumento como comprobación
Los acordeonistas tienen una ventaja poco común: el instrumento no se desafina dentro de una sesión, así que lo que oyes es una referencia estable. Puedes tocar un acorde de tónica en los bajos Stradella, mantenerlo con poca presión de fuelle y cantar o sacar melodías por encima. Practicar el dictado melódico sobre un bordón sostenido enseña deprisa la escucha funcional, porque cada nota se oye en relación con una tónica presente y no recordada.
Esa misma estabilidad puede tapar una debilidad. Como las lengüetas de temperamento igual son fijas, un acordeonista nunca se ve obligado a ajustar una altura de oído, así que la escucha de la afinación hay que entrenarla a propósito en vez de adquirirla por necesidad.
El contrabajo es el caso contrario. La afinación está enteramente en las manos del instrumentista, y las cuerdas al aire mi, la, re y sol dan cuatro alturas de referencia fijas con las que comprobarse continuamente. Tocar una nota pisada contra la cuerda al aire una quinta o una cuarta por debajo, y escuchar hasta que los batidos desaparecen, es educación auditiva y estudio de afinación en el mismo movimiento. La posición de pulgar, donde la mano abandona la geografía grave conocida, es donde más importa esto y donde los alumnos descubren si su oído lleva de verdad a su mano.
Diez minutos al día ganan a una hora el domingo, y eso no es un eslogan motivacional sino una observación de todos los profesores que lo han visto. En A&G Academy lo integramos en las clases semanales exactamente por eso.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tarda la educación auditiva?
El reconocimiento básico de intervalos y de tipos de acorde suele volverse fiable en unos pocos meses de diez minutos diarios. La escucha funcional, es decir, poder seguir una progresión de oído en tiempo real, lleva bastante más, a menudo uno o dos años. La constancia importa mucho más que la duración de la sesión, y el avance es claramente más rápido cantando.
¿Hace falta oído absoluto para ser buen músico?
No. El oído absoluto consiste en nombrar notas sin referencia, es raro y queda fijado en buena medida en la primera infancia. El oído relativo, oír las notas en relación con una tonalidad o una nota de referencia, es la destreza que sostiene tocar de oído, transportar, improvisar y afinar. Se puede aprender a cualquier edad.
¿Cuál es el mejor primer ejercicio de educación auditiva?
Cantar los grados de la escala sobre una tónica tenida. Toca un acorde de tónica, mantenlo, y después canta desde la tónica hasta una nota que alguien toque para ti y nombra el grado en el que has caído. Construye la escucha funcional directamente, en vez de enseñarte intervalos aislados que luego tienes que relacionar con una tonalidad.
¿Aprendiendo o comprando en Singapur?
A&G Academy enseña acordeón, bayán y contrabajo, y vende los mismos instrumentos con los que damos clase. Pregúntanos lo que quieras: preferimos quitarte de la cabeza el instrumento equivocado antes que vendértelo.